GSA Network Blog

Orlando: Remembering, Honoring, and Healing

By: Rev. Rhina Ramos

I woke to tragic news of the Pulse shooting on June 12th, 2016. The radio was playing in the background as we always leave it on as background noise. I remember opening my eyes, and hearing the initial report stating 25 people had been killed at Pulse, a Latinx Club in Orlando.

As the day progressed, we learned that the number of fatally shot victims had doubled since that first report. My heart sank and I kept telling my wife: "I know what is being preached at many conservative, Latino churches right now. They are saying those gays deserved this. This is God's punishment for their sinful lifestyle." I cried in anger not just because this message embodies hate and the dehumanization of fellow human beings, but also because as a faith leader I get infuriated when God is used to oppress and marginalize others.

I know this well because I was once part of a church that preached homosexuality was an abomination and a sin. For ten years, I tried to conform to the church’s teaching and repressed being who I was, a lesbian woman. While that church provided comfort to my young immigrant Salvadoran self, it rejected everything outside heterosexuality. When I finally came out, my church stopped welcoming me and I left. For many years I didn't have a place to express my Christian faith nor did I have a home to exercise my basic human right to express my spirituality.

That’s why, when I heard the news about the Pulse shooting, I was overwhelmed knowing how cruel Latinx Christian churches can be. For example, a Sacramento pastor, Roger Jimenez of Verity Baptist Church, who stated that he wished more would have died at Pulse.

That day, I kept telling my wife how I felt. She said, “Um, last I checked: you are a pastor, you are Latina, you are queer, you speak Spanish. You have to go to Orlando.” So I did. With the support of the national office of my denomination, the United Church of Christ, a week later I was headed to Orlando to provide Pastoral Counseling to the families affected by this tragedy. Accompanying these families in grief with prayer and consolation was a privilege. They opened up to me to hold their pain. I asked the sister of one of the victims. “What are you going to miss the most about your brother?” Her eyes filled up with tears and she answered, “Everything! His voice, his text messages throughout the day. The way he was the most loving uncle to my kids.” At that moment she began to curse out in anger and pain, and stopped when she saw my stole. I told her to please continue because her pain was valid and wasn’t offending anyone.

Witnessing the pain that these families were living through transformed me. It revived my desire to do whatever is in my power to never forget those who died at Pulse. And  to do what I can to create sacred, welcoming spaces for all of us who remain living.

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Orlando un año después: Recordando, Honrando la memoria y Sanando las heridas

Desperté la mañana del domingo, 12 de junio de 2016 escuchando las noticias de lo acontecido en la discoteca Pulse en Orlando. La radio sonaba suavemente porque siempre la dejamos encendida como ruido de fondo. Recuerdo que abrí mis ojos y escuché el reporte inicial del número de personas que habían fallecido, en su mayoría Latinas, a causa de disparos perpetrados por un atacante en la discoteca. A medida que el día transcurría, más noticias revelaban que los muertos ascendían a más del doble de la cantidad reportada inicialmente. Se me rompía el corazón cuando le hice este comentario a mi esposa: “Sé lo que se está predicando en las iglesias Latinas y conservadoras en estos momentos. Están diciendo que “estos gays” merecían morir así y que Dios les está castigando por su estilo de vida.

Primero lloré de enojo porque este mensaje, que solo conlleva el odio, es deshumanizante. También lloré porque como líder de la fe, me enfurece cuando la gente usa a Dios para oprimir y marginalizar a otrxs.

Lo conozco bien. En algún momento de mi vida fui parte de una iglesia que predicaba que la homosexualida es una abominación y un pecado. Durante 10 años intenté regirme por las enseñanzas de esta doctrina mientras que a la vez reprimía quien yo sentía ser: una mujer lesbiana. Aunque la iglesia servía de refugio a una joven inmigrante Salvadoreña como yo, también fue un lugar donde se rechazaba todo aquello que no fuera considerado heterosexual. Cuando al fin salí del closet, mi iglesia me rechazó y ya no fui bienvenida. Por muchos años estuve sin un lugar donde poder ejercer mi fe Cristiana. Estaba sin un hogar para expresar mi derecho humano a la espiritualidad.

Por esa razón cuando escuché lo que había pasado en la discoteca Pulse, sentí dolor porque sabía de la crueldad que puede existir en los púlpitos de las iglesias latinas cristianas. Como por el ejemplo el pastor evangélico de Sacramento que dijo que era una lástima que no murieran más personas gays en este ataque.

Durante ese día le continúe diciendo a mi esposa como me sentía y ella respondió: “déjame ver, tu eres pastora, eres latina, eres lesbiana, hablas español. Tienes que ir a Orlando.” Así que lo hice. Me comuniqué con la oficina central de mi denominación, la Iglesia Unida de Cristo (UCC, por sus siglas en Inglés), y una semana más tarde estaba rumbo a Orlando para dar acompañamiento pastoral a las familias afectadas por la tragedia. Fue un privilegio acompañar a aquellas familias que pasaban por ese momento tan doloroso. Ellxs abrieron su corazón y compartieron conmigo su sufrimiento. Le pregunté a la hermana de una de las víctimas: “Qué extrañarás de tu hermano?” Ella me contestó: “Todo! Su voz en el teléfono, sus textos durante el día, el tío amoroso que fue para mis hijos.”  Inundada por el dolor, ella comenzó a maldecir y al ver mi estola de pastora se detuvo. Pero yo le dije que siguiera, que su dolor era válido y que no estaba ofendiendo a nadie.

El haber sido testigo del dolor inmenso de estas familias me transformó. Revivió en mí el deseo de hacer lo que esté en mi poder para no olvidar a nuestrxs hermanxs de Pulse y también para crear espacios sagrados que den la bienvenida a todxs lxs que seguimos con vida.

 

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